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2005 F. Sossi, Autobiografie negate. Immigrati nei lager del presente, Manifestolibri, Roma 2002, pp. 171, ISBN 88-7285-267-6Hay lugares que no figuran en los mapas, que no tienen nombre. Para entrar en ellos no es necesario tener una identidad, un pasado o un futuro. Hay lugares donde se aprende a esperar y después quizá todavía a esperar, quizá a esperar a esperar, en definitiva a esperar partir. En Italia son doce, muchos los llaman Lager, otros Centros de Acogida, otros también Centros de Permanencia, alguien los ha definido como Centros de Experimentación. Federica Sossi, en su libro Autobiografie negate. Immigrati nel Lager del presente (Manifestolibri), lleva a cabo una encuesta en tres centros italianos: el Brunelleschi de Turín, el Corelli de Milán y el Serraino Vulpitta de Trapani. ¿Qué es lo que se experimenta precisamente en estos centros? Un nuevo modelo de expulsión, contesta un interno de Costa de Marfil en el centro de Via Corellia en Milán, desde 1979 en Italia. En el Corelli no hay personas que hayan cometido un delito, sino que se experimenta con la sociedad normal, con gente común que hace de conejo de indias. La única explicación es que se trata de extranjeros. El único delito es no tener un permiso de residencia. El Corelli es un lugar problemático, fuera del tiempo, extra-territorial, instituido por una ley, la Turco-Napolitano de 1998, y que la nueva ley Bossi-Fini multiplicará en número, alargando hasta 60 días el tiempo de permanencia para los recluidos. Un lugar que despierta el desasosiego que deriva de un espacio escondido, no visible, en el que los internos sin haber cometido ningún delito son unos desaparecidos. En una densa exposición narrativa en primera persona, Federica Sossi, testigo privilegiada de una tragedia invisible, invita a pensar en estos hombres y mujeres como si estuviesen "suspendidos", igual que en el Purgatorio de Dante. La espera es atroz, la "suspensión" permanente. En un purgatorio donde no se tienen derechos, ni siquiera los que se conceden en las cárceles a los detenidos. Ni siquiera el derecho a la información: dónde nos encontramos. Y sobre todo, porqué. En el Centro, observa la autora, se vive en la eternidad, una eternidad del tiempo marcada por el reloj de arena de la Turco-Napolitano. Costantino es un ciudadano rumano de 22 años, encerrado en el Brunelleschi de Turín. A su hermana le cuenta que se encuentra en Francia, al hermano que en Italia, a la novia que en España. En realidad es un desaparecido. Es el problema de este libro: ¿es posible hacer de estas personas los sujetos de una narración literaria o de un discurso científico cuando están engullidos por un dispositivo jurídico y administrativo que incluso niega su existencia? ¿No es esta narración la autobiografía de quien escribe su vida, la de la narradora, que puede demostrar tener una nacionalidad, por tanto una pertenencia, un Estado que demuestra su existencia? La respuesta es tan sencilla como dramática: sólo la que escribe puede hablar por los demás que han desaparecido. La narradora recoge su voz pero, ciertamente, no puede sustituirla. La voz de los "suspendidos", como la de los testigos integrales, los sumergidos de los que hablaba Primo Levi refiriéndose a aquellas personas que no han tenido tiempo para contar su Lager. El Serraino Vulpitta de Trapani es el centro de permanencia rebautizado por un oscuro ministro del interior como "Centro de Acogida", después del incendio en el que murieron seis marroquíes. La autora cuenta su viaje en tren de Milán a Trapani imaginando el Vulpitta como un Gran Hotel. En cambio descubre un nuevo eufemismo, la enésima broma lingüística de la burocracia. Entre sus paredes Federica se repite a sí misma Hier ist keine Frage: aquí no hay nada que preguntar. El imperativo kantiano ha cambiado de sentido. El presente que Kant quería investigar está hoy encerrado en el Lager y aquí no hay presente, sólo eternidad. Y he aquí otro nombre: los Lager para los inmigrantes son los albergues de la eternidad, la gente puede vivir en ellos sin usar dinero, sin tener sentimientos, sin mostrar sus propias ideas. En el fondo, la utopía de la gente normal. Il SerrainoVulpitta es la joya del Ministerio del Interior, confesó el día de su inauguración el entonces subsecretario Giannicola Sinisi. Intentemos ahora también nosotros darle un nombre a este lugar. Digamos que la detención administrativa, como se llama técnicamente la condición del "suspendido" es en realidad muy similar a una antigua institución de origen prusiano, la "Schutzhaft", es decir, la detención de seguridad. Este término fue utilizado por los nazis para referirse a la detención por motivos políticos en los campos de concentración. En realidad, explica Andrzej J. Kaminski en I campi di concentramento dal 1896 ad oggi. Storia, funzioni, tipologia, Bollati Boringhieri, la detención de seguridad es necesaria cuando se demuestre la peligrosidad de algunos sujetos para la seguridad del Estado. Kaminski tiene razón: los suspendidos no han cometido ningún delito pero son considerados sujetos desviados como prostitutas, ladrones, clandestinos, drogadictos o camellos, vagabundos. En resumen, toda la gama de la marginalidad social y del subproletariado inmigrado que no puede demostrar tener un contrato laboral dependiente y a tiempo indeterminado. Autobiografie negate es un libro sobre la tragedia inconmensurable de estas personas, que no tendrán ni tiempo ni modo para un rescate, ni tan siquiera en el relato. Seguirán su vida normal de conejos de indias en Restinco o en San Foca en Puglia, igual que en Dover o en Campsfield en Inglaterra o en la frontera entre Alemania y Polonia. Sólo hay una esperanza: los suspendidos de los que habla Federica Sossi no son los sumergidos de Primo Levi. Ellos vive, volverán por cualquier medio, asustados y empapados, también ilegales y clandestinos, a la búsqueda de paz y seguridad. Vendrán los ejércitos, las alambradas, las expulsiones, pero su migración no siempre acabará en el lager del presente. |
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